La Frase: "Al final del camino me dirán: ¿Has vivido? ¿Has amado? Y yo, sin decir nada, abriré el corazón lleno de nombres". Pedro Casaldáliga

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domingo, 15 de abril de 2012

Crédito vitalicio

RELATO

Mi situación era desesperada. El director del banco, sin duda conocedor de mis penurias, me citó a las nueve y media en su despacho. Presumo de ser hombre metódico, pero ante el crédito astronómico que se me ofrecía, admito que el deseo y la fantasía se antepusieron a la razón. La hipnótica mirada del director me hechizó hasta el punto de considerar como lo más normal del mundo el socio que lo respaldaba y el único aval que se me exigía. Firmé sin oponer resistencia.

Salí del banco pletórico, seguro de haber metido un gol por la escuadra a un gran cancerbero, pero toda victoria es efímera. Mientras reflexionaba sobre la frase sabe más el diablo por viejo que por diablo, me dije que si desconocía mi secreto, sin duda el banco tendría asesores capaces de hacérselo ver, y tal unión de fuerzas me pareció auténticamente demoniaca.

         Sí, ciertamente han de saber lo que yo consideraba mi gran triunfo: que no tengo alma. No quiero ni pensar la de recortes que harán por mi culpa cuando finjan que lo descubren.

miércoles, 23 de marzo de 2011

Un fondo de tristeza

RELATO
Foto: Luis Serrano (Fuente: ITE)
     Era bueno ahorrando, pero en la vida…
     Con penosa eficacia había ido acumulando sus desengaños y sinsabores en un rentable fondo de inversión. Demasiada tristeza y decepciones como para no garantizar amargura durante el resto de su existencia.
     Porque la vida cambia en un instante, la crisis resultó providencial. La sola noticia (vista en televisión) de la quiebra del banco que custodiaba sus pesares obró en él una reacción instantánea y benéfica: por primera vez en muchos años, se sintió feliz. Liberado de la pesada carga de sus ahorros, se veía capaz de comenzar una nueva vida y quién sabe.
     A la tarde, cuando ya preparaba las maletas, sonó el teléfono: era el director en persona. Le explicó que no debía temer nada: blindadas cláusulas aseguraban el cien por cien de sus activos.
   Justo es reconocerlo: antes de apretar el gatillo, alabó la previsión del banco y el bajo coste de las comisiones.