La Frase: "Al final del camino me dirán: ¿Has vivido? ¿Has amado? Y yo, sin decir nada, abriré el corazón lleno de nombres". Pedro Casaldáliga

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viernes, 18 de noviembre de 2011

Acampáñame (bis)

[Tirando de archivo: total, la cosa no cambió nada.]
RELATO
 
Estoy en una nube. Aunque no supe nada hasta hace unos días, resulta que soy un hombre importante.
Recibo afectuosas cartas de los principales partidos políticos interesándose por mi situación y asegurándome que con mi apoyo y mi compromiso será posible convertir mi ciudad y Asturias en el paraíso terrenal. ¡Haberlo dicho antes!
Me tratan de vecino, conciudadano, compañero, y no puedo menos que agradecer tan cercana presencia. Voy por la calle, y allí donde antes veía a desalmados vendedores intentando darme gato por liebre con sus productos, ahora encuentro sonrisas y alegres promesas para mejorar mi calidad de vida.
La suerte me acompaña. Ayer mismo, por teléfono, he conocido a alguien. Sin duda se trata de una mujer muy atractiva (es sabido que la voz no engaña). Comenzamos a hablar y conectamos enseguida, aunque, si lo pienso, me parece que yo sé poco de ella y ella sabe a quién voy a votar, las notas que les otorgo a los políticos autonómicos y nacionales, y hasta mis gustos en materia de cascos. No crean que abro mi corazón a la primera oportunidad, pero me parece que tengo posibilidades.
Desde entonces, espero con ansiedad su rellamada. Soy tan feliz que, cuando camino por la ciudad, en lugar de los habituales ruidos del tráfico y la gente, ¡oigo música! Bellísimas melodías que vienen y van, apenas interrumpidas por rapsodas que recitan letras esperanzadoramente sublimes, transportándome a un mundo de fantasía que jamás imaginé que existiera.
Consciente de mi nuevo estatus, le he explicado el caso a mi jefe, exigiéndole un aumento de sueldo que nivele mi recién adquirido papel en la sociedad con mi economía. Como se ha reído en mi cara, me he despedido con una firmeza de la que no me creía capaz hace sólo unos días. Mientras bajaba las escaleras, me gritó en tono amenazante que ya volvería el 21 de noviembre. No he entendido su alusión, pero me parece que se trataba de una bravata.
Entusiasmado, trabajo en un plan de soterración de las vías de mi ciudad y en la construcción de un centro cívico. Podría mandar mi proyecto a todos los candidatos, pero es mejor esperar a que haya un ganador; sea quien sea, no creo que rechace mi propuesta, a juzgar por la alta estima en que me tienen.
Mis amigos y familiares me encuentran últimamente “muy crecido”, pero yo les he tranquilizado: el poder no me va a cambiar.

Fuente: http://www.estamosendirecto.com/


jueves, 26 de mayo de 2011

Alta fidelidad

Ilustración: Ángel Pantoja (Fuente: elmundo.es)
             Entre los analistos electorales, florecientes en esta época del año, prolifera la idea (originalísima) de que el votante de izquierdas es menos fiel que el de derechas. Tal afirmación, sin embargo, parte de un supuesto erróneo, a saber: considerar al cornudo el causante de sus astas.
            En efecto, la verdadera pregunta que debemos hacernos es: ¿son los partidos políticos de izquierdas –si tal cosa existe- menos fieles que los de derechas con sus votantes? La respuesta parece evidente.
            Cuesta imaginarse a Rajoy teniendo una aventura con la ley del aborto o pegándosela a sus votantes con el matrimonio homosexual. Tal vez no entienda su letra, pero sabe leer muy bien lo que le escriben.
            Sin embargo, de un tiempo a esta parte, ZP se va de farra todos los días con el FMI, y lo mismo llega a las tantas con la edad de jubilación, que se lía con la reforma laboral delante de nuestras narices. Lo más doloroso de todo, no obstante, es que repita que nos sigue queriendo como el primer día.
            Las agrupaciones políticas (pese a que algunos dirigentes se crean jeques) no son equipos de fútbol, y es absurdo pedir a los ciudadanos una fidelidad basada en unos colores antes que un análisis del partido. Cierto que la situación es difícil, que las ataduras son muchas y que el margen de maniobra es pequeño -eso nos dicen-, pero si se trata de recortar derechos (sólo a los mismos de siempre, por supuesto, he ahí la clave), es hora de que los amateurs se hagan a un lado y dejen paso a los profesionales.
           Queda, por último, la cuestión de por qué unas elecciones autonómicas y locales se dirimen en clave nacional. El descontento/hartazgo/cabreo (no me decido) es, sin duda, considerable. Me parece, aún así, que el castigo que se han llevado las listas del PSOE es excesivo. Desde luego, no se podrá decir que no han hecho nada a derechas.