La Frase: "Al final del camino me dirán: ¿Has vivido? ¿Has amado? Y yo, sin decir nada, abriré el corazón lleno de nombres". Pedro Casaldáliga

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lunes, 7 de marzo de 2016

Tensión arterial resuelta

POESÍA
Amanezco en clave
de amor por tus huesos
despertando suave
de añorar tus besos

Con musculatura
de amante infinito
bajando la altura
de tu altar proscrito

Resintonizando
pura realidad:
de ir corriendo / a andando
de ti / a la verdad

Sin wifi gratuita
para sentimientos
con clave que encripta
mi adiós / tus “no siento”

Curando (pues toca)
tu falta de fe
dejando tu boca
la sal y el café.





jueves, 29 de enero de 2015

Desde otro ángulo



Los demonios atacan cuando menos te lo esperas.


A veces se les ve venir, porque aunque agazapados y de camuflaje, son muchos años y hemos aprendido algunos de sus trucos, de tal forma que la pintura o las hojas que ellos creen el no va más, son en realidad un rascar en nuestra puerta de las alarmas, que acaba cediendo porque, al fin y al cabo, las puertas están para abrirse, y si la hay es porque nuestra alma o nuestro corazón o, lo que resulta más doloroso e incomprensible, nuestro cerebro, decidió en su momento recortar el presupuesto cuando estábamos construyendo un sólido muro que debía protegernos ahora.

 
Pero los demonios son listos (son muchos años, y conocen todos nuestros trucos) y buscan las puertas en el muro, la cerradura en la puerta, la llave en los bolsillos de nuestra mente. Ya digo, a veces se les ve venir.

 
Otras veces irrumpen sin aviso, como quien llega después de unas largas vacaciones alterando el orden del día y de la oficina, con su camisa estampada y sus bermudas de fantasía frente a la fría realidad de las pantallas de ordenador y los teléfonos. Este tipo de ataque es el que más duele, ya que suma la sorpresa a lo desagradable y no respeta nada, ni tempos ni lugares, pues tan pronto nos encuentra tomando el té de las cinco, como en medio de un cumpleaños o entre unas risas con los amigos, en un momento tan hasta hace un minuto y que ahora ya.
 

Nosotros lo llamamos bajón (es sabido que no hay cosa que más fortalezca a los demonios que nombrarlos) y con firmeza negamos conocer el origen, o le atribuimos causas etéreas. Mentimos en ambos aspectos, porque después de todo no nos apetece aceptarlo ni explicarnos una vez más algo que ni nos gusta ni nos conviene.

 
A veces, en presencia de uno, los demonios atacan a una persona que nos importa (¿cómo podríamos notarlo si no?) y vemos reflejados en su reacción y en sus maneras la beligerante ofensiva y el encaje. Uno piensa que los demonios son insaciables, y se siente dolido e impotente, pues si bien conoce a los suyos, apenas sabe nada de los ajenos, lo que dificulta la tarea de rescate que se quiere ejercer a toda costa, casi siempre con pobres resultados y a lo sumo alusiones a causas imprecisas.

 
Entonces, como resultado de ese primer ataque, y a pesar de la evidente falta de comunicación entre tropas, uno siente, como coordinados por un general invisible –pero esta vez es de las que se ve venir- los movimientos en las filas de sus personales e intransferibles enemigos, y el traqueteo de un mecanismo de sobra conocido. Antes de que los demonios ganen esta batalla (es indudable), uno no sabe si adelantarse a la tristeza por descubrir una falla más en sus defensas, ya de por sí frágiles, o esbozar una sonrisa porque, al fin y al cabo, aunque levemente, aunque confusa y etéreamente (¿cómo si no?) uno se siente perteneciente a un bando, y quizás algún día se termine la guerra.
 
 

sábado, 31 de diciembre de 2011

Diciembre y atardecer

POESÍA
Dudo en el corazón
cuánto andamiaje
cuánto silencio que sostiene muros
demasiadas preguntas
poco viaje
y la certeza errante
del futuro
(sin ti o contigo
dudo / luego existo).

domingo, 16 de octubre de 2011

Un sueño (breve resumen)

POESÍA

Un sueño con minúsculas
a veces
se me escribe en el alma.

Yo trato de borrarlo
imperturbable
y él se crece y se agranda.

Gallito y desafiante
a mayúsculas pasa.

Y cuando ya se pone
Fuente: ITE. Ilustrador: Abraham Pérez Pérez.
en Times New Roman
yo grito: no / no / no                                   
y aplico el corrector.

Presiono con cerebro
con razones
con márgenes de calma;
él llama a sus aliados                                  
los recuerdos
y al corazón se gana.
Este mueve unas cuerdas
(las vocales):
si me descuido
cantan.

Y a poco el cuerpo entero se convence    
y quedo sólo yo;
me  digo:
¿por qué no?                                              

Y entonces
(como siempre o casi siempre)
un sueño con mayúsculas
a veces
del alma se me escapa.

domingo, 9 de octubre de 2011

Las dimensiones de la mujer amada

RELATO 

     Los ojos: a los golosos les gustan con forma de almendra; los matemáticos los prefieren triangulares; los púdicos optan por las formas romboidales. Colores: los que han estado enamorados de la mujer que aman antes de conocerla, suelen dar con unos ojos verdes; los pesimistas encuentran el negro y los tonos oscuros; los alegres suelen verse recompensados con el azul; los daltónicos prefieren el rosa...

     La boca, y ese universo formado por los labios y el mentón, plantean variedades infinitas. A los románticos les gustan los labios dulces con forma de corazón; a los que no son tan románticos les gustan más con forma de... bueno, dejémoslo.

     El pelo negro gusta a los soñadores, a los exploradores y a los ciclistas. Las rubias triunfan en el cine y en las peluquerías. Las castañas obtienen más éxitos sobre el nivel del mar que en las alturas, donde arrasan las pelirrojas.

     En fin, como se ve, todas las variedades son admitidas; todas las combinaciones, posibles. En realidad, poco importa la forma, salvo en un elemento: el corazón. En este sí son vitales las proporciones: ha de estar hecho a medida (de la persona que ama).

Fuente: ITE.